Por las carreteras

Autora: Sylvain Prudhomme

Editorial: AdN

Fecha de publicación: 07/2020

Nº de páginas: 248

ISBN:9788491818410

«Volví a dar con el autoestopista en una ciudad pequeña del sudeste de Francia, después de llevar años sin pensar en él. Lo hallé enamorado, asentado, era padre. Recordé todas las razones por las que, antaño, había decidido pedirle que saliera de mi vida. Llamé a su puerta. Conocí a Marie».

En Por las carreteras, Sylvain Prudhomme ahonda en la fuerza de la amistad y del deseo, y en el vértigo ante la multitud de existencias posibles.

Leí este libro este verano y medio me entretuvo. Me ayudó a liberarme de otras lecturas más pesadas que había tenido y a combatir la ola de calor junto a la piscina. Seguramente si lo hubiera leído ahora, en otoño, me hubiese gustado mucho menos. 

La historia resumida del libro es la siguiente: un tipo (Sacha) que es escritor y que quiere cambiar de aires para escribir su próxima novela se muda a un pueblito pequeño. Curiosamente (por esas cosas del destino improbables que rara vez ocurren en la vida real) se encuentra con un viejo conocido que fue importante para él en el pasado. 

Esa persona se la conoce durante todo el libro como el autoestopista, porque desde joven se dedica a hacer autostop sin rumbo fijo como hobbie. Pero ahora el autoestopista, que al menos en edad se ha hecho mayor, tiene mujer y un hijo pequeño. Enseguida le abre a Sacha las puertas de su vida, su familia y sus amistades.  

El libro me entretuvo, sin más (que no es poco) y también me cabreó bastante. No consigo ver con buenos ojos las escapadas del autoestopista abandonando a su mujer y su hijo (junto a sus rutinas y obligaciones) cada pocos días más de 2 y 3 semanas. Se puede ver como que el autoestopista es un alma libre, destinada a no ser atada bajo el yugo de la vida familiar con unas necesidades brutales de huir de una existencia típica…pero me vais a perdonar, yo no fui capaz de verlo así. 

Solo vi a un hombre de cuarentaitantos, inmaduro y egoísta. Que le dejaba toda la responsabilidad a una madre, que se quedaba sola cada dos por tres con su propio trabajo y el hijo de ambos. Solo vi a una mujer que el pacto no escrito que hizo con su pareja años atrás ya no le vale y no es capaz de decirlo. Y solo vi a otro hombre, Sacha, que a va rebufo de la vida del autoestopista una vez más. Y en mitad de todo esto, un niño. Al que todos quieren a su forma, pero hay formas que a veces dejan mucho que desear.

Nota: Mención especial a todas aquellas escenas donde el recurso de la gastronomía estaba muy presente. Ese aceite de oliva, ese tomate…muchas veces se me hacía la boca agua.

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